La Oficina del Médico Forense del condado de Pima, en Tucson, Arizona, ha recuperado entre 2000 y 2025 los restos de 2 mil 14 personas mexicanas que intentaron cruzar la frontera hacia Estados Unidos. Los cuerpos y restos óseos son resguardados mientras se realizan procesos de identificación con apoyo de autoridades mexicanas, consulados y familiares.
El desierto del sur de Arizona se ha convertido en una zona de alto riesgo para quienes intentan atravesar la frontera. Las principales causas de muerte incluyen exposición a temperaturas extremas, deshidratación, accidentes, lesiones, enfermedades previas, hipotermia, descargas eléctricas y caídas del muro fronterizo.
La dimensión del problema también se refleja en los restos que permanecen sin nombre. En las instalaciones forenses hay cerca de 800 cuerpos, cenizas y restos óseos que no han podido ser vinculados de manera concluyente con una persona desaparecida.
La identificación comienza con las pertenencias
Los especialistas revisan cada objeto localizado junto a los cuerpos o restos. Fotografías familiares, documentos, teléfonos celulares, imágenes religiosas, tatuajes, placas metálicas, deformaciones físicas y tratamientos dentales pueden aportar datos para establecer una identidad.
En algunos casos, los familiares han reconocido a sus seres queridos por incrustaciones de plata en los dientes u otras características particulares. Sin embargo, la descomposición y la dispersión de los restos por el terreno desértico dificultan la recuperación de un cuerpo completo.
El cruce de información con autoridades mexicanas y consulados permite comparar los perfiles de los restos con reportes de personas desaparecidas. También se recurre a muestras de ADN de familiares cuando los objetos personales o los registros médicos y dentales no son suficientes.
Un fenómeno que se intensificó con el tiempo
Gregory Hess, médico encargado de la oficina forense del condado de Pima, ha señalado que el número de muertes aumentó con el paso de los años. Durante la década de 1990 se registraban menos cuerpos en almacenamiento, pero entre 2002 y 2005 la cantidad de restos resguardados llegó a superar la capacidad de los refrigeradores de la morgue.
Ante la saturación de las instalaciones, el condado habilitó contenedores externos para conservar los cuerpos. Con el paso del tiempo, algunos restos fueron enterrados como personas no identificadas y, desde 2005, también se recurrió a la cremación por razones de espacio y costo.
Los registros forenses muestran que la mayoría de las personas recuperadas son hombres jóvenes, aunque también se han localizado restos de mujeres, menores de edad y adultos mayores. Las edades más frecuentes se ubican entre los 20 y 29 años, seguidas por el grupo de 30 a 39.
Las nuevas rutas de los traficantes complican las búsquedas
El proceso de identificación ocurre en un contexto en el que los traficantes de personas han cambiado sus métodos de reclutamiento y traslado. La captación se realiza también mediante redes sociales y aplicaciones de mensajería, mientras que las instrucciones para cruzar pueden enviarse a distancia.
A algunos migrantes se les indica utilizar ropa de camuflaje, cubrir de negro los recipientes de agua para evitar reflejos o usar calzado diseñado para no dejar huellas visibles. Estas prendas y objetos se repiten entre distintos casos, por lo que resultan menos útiles para identificar a una persona desaparecida.
Los teléfonos celulares también pueden convertirse en una pista o en una dificultad. Cuando un dispositivo se pierde o es robado durante el trayecto, desaparecen los contactos que podrían ayudar a localizar a la familia.
Cada resto sin identificar representa una búsqueda inconclusa para una familia. En Arizona, el trabajo forense continúa con la revisión de evidencias, el análisis genético y la coordinación binacional para devolver un nombre y, cuando es posible, los restos a sus seres queridos.

