Más de la mitad de los estudiantes universitarios y seis de cada 10 docentes consultan herramientas de inteligencia artificial generativa para pedir consejos relacionados con ansiedad, estrés, depresión o tristeza, de acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional sobre Usos y Percepciones de la Inteligencia Artificial Generativa en la Educación Superior.
El estudio señala que 55.1% de los estudiantes y 63.4% de los profesores recurre a la IA con ese propósito. La tendencia también incluye búsquedas para desahogarse, recibir palabras de ánimo, simular conversaciones de apoyo o valorar si se necesita ayuda psicológica.
La IA aparece como respuesta ante necesidades emocionales
La encuesta reunió respuestas de más de un millón y medio de estudiantes, más de 163 mil docentes y alrededor de 2 mil 900 instituciones de educación superior públicas y privadas. Nueve de cada 10 participantes que utilizaron inteligencia artificial con fines emocionales consideraron que la herramienta les resultó útil.
Entre los estudiantes que emplean IA para asuntos emocionales, 61% son mujeres, 35% hombres y 4% corresponde a otros géneros. Además, 88% de quienes recurrieron a estas herramientas afirmó que le fueron de ayuda, aunque esa percepción no equivale a una mejoría clínica.
Especialistas en psicología y educación advierten que recibir respuestas automatizadas no sustituye un proceso psicoterapéutico. La terapia implica trabajar con un profesional para comprender experiencias, desarrollar herramientas de afrontamiento y, cuando es necesario, canalizar situaciones de riesgo.
Docentes también buscan acompañamiento
Los profesores reportaron un uso mayor que los estudiantes en las distintas funciones emocionales analizadas. Para desahogarse o sentir que alguien los escucha, la proporción fue de 55.9% entre docentes frente a 41.9% entre estudiantes; para buscar motivación o palabras de ánimo, de 47.2% frente a 41.9%.
La diferencia también se observó al simular una conversación con alguien que brinde apoyo, con 36.1% de los docentes y 29.8% de los estudiantes, así como al evaluar si se necesita ayuda psicológica, con 32.3% y 24.8%, respectivamente.
El debate planteado por los resultados no se limita a decidir si la inteligencia artificial debe estar presente en las aulas. El reto consiste en integrarla con criterios éticos y responsables, al mismo tiempo que las universidades fortalecen sus servicios de bienestar, orientación y atención psicológica.
La inteligencia artificial puede servir para obtener información o acceder a contenidos de psicoeducación, pero sus respuestas pueden ser condescendientes o inadecuadas ante pensamientos obsesivos, depresión o ideas suicidas. Por ello, las instituciones educativas deben contar con protocolos de canalización y mecanismos permanentes de acompañamiento humano y profesional.
Los resultados colocan la salud mental de estudiantes y docentes como una prioridad dentro de las políticas de educación superior. Más que reemplazar a psicólogos y consejeros, la tecnología debe incorporarse como una herramienta complementaria, con límites claros y supervisión institucional.

